Esta Barcelona no podría organizar los JJOO de 1992

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Publicado en Metropoli Abierta el 4 de julio de 2018

Poniendo los Juegos Olímpicos de 1992 como momento histórico y ejemplo a seguir, Agustín Argelich, reputado consultor/asesor internacional de gobiernos municipales (especialmente en temas de innovación digital y ‘smart cities’), ha señalado este miércoles los principales problemas a los que se enfrentan hoy en día, en un mundo cambiante, las ciudades del mundo y, específicamente, Barcelona.

“Los JJOO de Barcelona fueron un éxito porque todos los implicados dieron lo mejor de sí para que lo fueran, porque había un proyecto común y porque hubo el liderazgo necesario”, ha expuesto Argelich en su conferencia ‘Barcelona Comunidad Inteligente’, dentro de los ‘Desayunos sobre Economía y Empresa’ que organiza Societat Civil Catalana(SCC). A partir de aquellas Olimpiadas, conversamos con él sobre la ciudad, el continente y el mundo.

¿Podría Barcelona volver a organizar ahora algo parecido a los JJOO de aquel 92?
Me temo que, actualmente, Barcelona carece de todo lo que se dio entonces; es más, ni siquiera quiso celebrar como era menester los 25 años de aquella efemérides. Hay un lema que se debe tener siempre en cuenta: ‘Hay que celebrar el éxito en vez del fracaso’. Pues bien, el año pasado, cuando se pudo haber celebrado por todo lo alto, el gobierno municipal de Ada Colau apenas hizo nada. Se escondió, como si quisieran olvidar una de los mayores éxitos de la historia de Barcelona; de hecho, el acontecimiento máximo que le permite seguir siendo reconocida internacionalmente hoy en día.

¿Cuáles fueron las claves que permitieron aquella Barcelona’92?
Yo las resumo en cinco:

1. Un presupuesto suficiente y sin corrupción: no recuerdo que nadie fuese juzgado por apropiarse de la caja

2. Disponer de una fecha tope: es básico poder programarse, toma decisiones constantemente

3. Equipo: todos trabajando en línea por la misma causa. Todo lo contrario que estar ‘alienado’

4. Equilibrio: entre organización y capacidad de improvisación. Esto es algo muy nuestro, muy mediterráneo

5. Liderazgo: tiene que haber alguien tirando del equipo, sosteniendo el timón y marcando el rumbo

Centrémonos en ese quinto punto, el del liderazgo. ¿Cuáles son las cualidades requeridas?
Volvamos a resumirlo en cinco puntos:

  1. Tener una mente abierta (el mejor ejemplo: Cristobal Colón)
  2. Poder de imaginación (Antonio Gaudí)
  3. Voluntad de innovar (John Kennedy dijo que EEUU pisaría la Luna, “no porque sea fácil, sino porque es difícil”)
  4. Alineación (todos remando en el mismo bote)
  5. Actitud y aptitud (el liderazgo bien entendido)

Agustín Argelich, durante su conferencia organizada por SCC / MIKI
Agustín Argelich, durante su conferencia organizada por SCC / MIKI

 

Eso fue hace 25 años, ya digo. En aquellos tiempos, el mundo occidental tiraba muros (el de Berlín, físicamente; otros, a nivel mental). Ahora, por desgracia, tenemos uno que se encierra en sí mismo: Donald Trump, el Brexit, los independentistas en Cataluña… De encerrarse en uno mismo como un erizo no se consigue más que quedarse aislado de un mundo cambiante. Corea del Norte puede presumir de bombas atómicas, pero su gente se muere virtualmente de hambre. Está perdiendo el tren de la historia por obcecarse en ello, a no ser que Kim Jong-un quiera evitarlo.

CIUDADES INTELIGENTES

Uno de los términos más utilizados últimamente es el de ‘smart cities’. En Barcelona se celebra cada noviembre el Smart City Expo World Congress. ¿Es el ideal para una ciudad de futuro? ¿Es Barcelona una smart city?
Habría que distinguir entre Ciudad Inteligente y Comunidad Inteligente. No hay que quedarse en lo puramente tecnológico. La gobernanza de una ciudad debe utilizar la tecnología con inteligencia: ahorro de gastos, de consumo… lleva tiempo convertirse en una Comunidad Inteligente.

¿Cuáles son sus consejos para llegar a serlo?
A día de hoy, sería: disponer de banda ancha en las telecomunicaciones; disponer de una fuerza de trabajo cualificada; innovación, que significa eficiencia; igualdad digital (que todos tengan acceso a las novedades; sostenibilidad (economía circular: una revolución energética), y, por último, tener una cultura de Comunidad.

De todo lo que ha dicho hasta ahora, ¿qué le propondría a Barcelona?
Nuestra ciudad podría ser la Hong Kong, la Singapur, la Nueva York del Mediterráneo. Pero tiene que tenerlo claro y proponérselo, algo que no veo en estos momentos. Posee todos los mimbres para conseguirlo, cinco clusters notorios: industria automovilística, turismo (destino universal, buenas infraestructuras), digitalización (el Mobile, grandes congresos), educación (prestigiosas escuelas de negocios) y grandes profesionales (médicos, ingenieros, diseñadores, etc.)

¿Qué más?
A nivel laboral, habría que cambiar el pacto social empresa-trabajador existente para el bien de toda la sociedad; también, modificar la política y la cultura fiscal existente. No puede ser que se penalice a las ‘startups’, que sea difícil conseguir créditos, que haya que pagar tantos impuestos, que se penalice al innovador, que se trate al emprendedor como un delincuente…

UN MUNDO EN MOVIMIENTO

¿Qué lecciones sacamos de eso?
Ninguna sociedad cerrada sobre sí misma sobrevive. Un ejemplo a recordar es el de los países del antiguo bloque del Este comunista. El último en resistir fue Albania: Hoxha construyó miles de bunkers en sus playas ¡por si les invadían los yanquis!

¿Qué cambios va a vivir el mundo que conocemos ahora, según los consultores como usted?
Una de las cosas básicas es la demografía; siempre lo ha sido. España, por ejemplo, se está suicidando. Nuestra pirámide de población es insostenible: no tenemos hijos suficientes. A este paso, la única solución posible será abrir las fronteras. Con criterio, como hace Canadá. Si no, no habrá nada que hacer ante los 1.300 millones de personas con que cuentan, cada una, China o India.

China está cambiando el mundo tecnológico / Archivo
China se está convirtiendo en una economía imparable a escala mundial / Archivo

 

Más cambios…
Vamos hacia las megalópolis, que competirán entre ellas como ahora ocurre con muchos países. Un dato: China saca cada año de la pobreza a 45 millones de personas, toda una España. Ya cuenta con varias decenas de ciudades con más de 5 millones de habitantes… Creo que Barcelona apenas pasa del millón y medio, ¿no?

O sea, que a mayor población, mayor futuro.
Siempre ha sido así. Además, China e India tienen claro que la educación es lo más importante para su poblaciones, más incluso que un techo para vivir. Es posible que aún haya millones de pobres allí, pero también otros millones de talentos que dominarán el mundo, porque, además, tendrán la tecnología adecuada. Y no olvidemos que tienen culturas milenarias, más antiguas que las occidentales. Y eso marca identidad.

¿Y África?

Está perdida en sus guerras tribales. Pero sus materias primas son el objetivo de todos. China la está ‘comprando a plazos’.

¿Que puede hacer Occidente ante este desafío asiático?
Algo que intuyó Gorbachov, el líder ruso: la unión de toda la civilización históricamente nacida y marcada por los valores del cristianismo: Europa, Rusia y América. Ojo, no se trata de hablar de guerras bélicas, sino de ‘guerras comerciales’. Si no, será imposible detener lo que venga de China o India. Se nos comerán. Mejor, por tanto, anticiparse. Insisto: hablo de relaciones comerciales, las que han hecho mejor el mundo en que vivimos. Cuando ha habido comercio, ha habido entendimiento, no guerras. Pero que nadie lo olvide: el centro del mundo ya está cambiando, y se ha trasladado de Occidente a Asia…