Espíritus sobrevolando Barcelona

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Artículo publicado en El Confidencial el 21.10.2017

 

Mal asunto cuando uno tiene la impresión de que espíritus del pasado sobrevuelan por encima de tu ciudad. Igual es el efecto desestabilizador de aguantar horas y horas el zumbido de los helicópteros de la policía sobre la vertical del despacho y empiezan las alucinaciones. Así no hay quien trabaje. El rendimiento en los despachos del centro de Barcelona, al menos en los de ingeniería, arquitectura y consultoría, deben de estar por los suelos, imposible concentrarse. Parece que no es así en los de abogados y notarios, y en las oficinas bancarias, tienen exceso de trabajo. Se han desbordado la demanda de cambios societarios, estatutos, sedes sociales, etc. Imagino que las farmacias habrán multiplicado las ventas de remedios para el dolor de cabeza.

 

Volvamos a los espíritus. El primero del que me ha parecido sentir su presencia es al de Quinto Fabio Máximo Verrucoso Cunctactor (en latín, Quintus Fabius Maximus Verrucosus Cunctator), político y general romano (ca. 280 a. C.-203 a. C.). Cuntactor significa “el que retrasa”. A Fabius Maximus le pusieron este sobrenombre por cómo afrontó la segunda guerra púnica contra el caudillo cartaginés, de Cartago, Aníbal (Hannibal Barca). Se cuenta de Fabio que consiguió romperle los nervios a muchos ciudadanos y senadores romanos, pero al final, derrotó a Aníbal, aunque éste se les escapó, hasta que Escipión lo derrotó definitivamente.

 

Fabio siguió la estrategia de luchar solo bajo condiciones favorables, de ir hostigando poco a poco, especialmente las líneas de suministro, y de no dividir a sus tropas. Esta estrategia se conoce como estrategia fabiana y ha tenido seguidores, hay quien dice que Georges Washington era uno de ellos. También hay una corriente fabiana en el socialismo. A ver si resulta que Mariano, el registrador, también lo es. Y también los son los directivos de los bancos y empresas que tenían la sede social en Cataluña. Igual incluso lo es la mayoría silenciosa.

 

Al final a Quinto Fabio hasta le cantó el poeta Ennio: “…Unus homo nobis cunctando restituit rem”, (“un hombre, por su demora, nos restauró el Estado“). A ver qué pasará dos mil y pico años después. Personalmente, prefiero la técnica de esquiador de eslalon, de avanzarse a los problemas, hay que haber girado antes de llegar a la puerta, para no perder la trazada. Prefiero prevenir. Evitar ciertos problemas en vez de tener que resolverlos. Tampoco me gusta nada estar con la espada de Damocles o el helicóptero encima de la cabeza. Preferiría una solución más rápida y cortar por lo sano. Pero igual sí que la paciencia, la prudencia y la tenacidad son buenas consejeras. Construir cuesta mucho y destruir tan poco. Procuremos romper pocas cosas y no hacernos daño.

 

Otro espíritu que revolotea por Barcelona es sin duda el de Eric Arthur Blair,más conocido por su seudónimo, George Orwell. George conoce muy bien Barcelona, estuvo aquí en un periodo terrible de nuestra historia y que no puede repetirse de ninguna manera. George escribió libros imprescindibles como ‘1984’, ‘Rebelión en la granja’ y ‘Homenaje a Cataluña’. En bachillerato me hicieron leer y leí, en inglés, ‘Rebelión en la granja’. Tendría que ser de lectura obligada. Me impactó. Seguro que muchos conciudadanos no lo han leído y por eso parece que vayan con un lirio en la mano. Las revoluciones terminan mal.

 

'Rebelión en la granja', de George Orwell.
‘Rebelión en la granja’, de George Orwell.

Copio textual de la presentación del libro en Amazon: “Los animales de la granja de los Jones se sublevan contra sus dueños humanos y les vencen. Pero la rebelión fracasará al surgir entre ellos rivalidades y envidias, y al aliarse algunos con los amos que derrocaron, traicionando su propia identidad y los intereses de su clase. Aunque ‘Rebelión en la granja’ fue concebida como una despiadada sátira del estalinismo, el carácter universal de su mensaje hace de este libro un extraordinario análisis de la corrupción que engendra el poder, una furibunda diatriba contra el totalitarismo de cualquier especie y un lúcido examen de las manipulaciones que sufre la verdad histórica en los momentos de transformación política”. Espero que lo lean. No tiene desperdicio. Evolución, renovación, transformación y cambio, sí. Revolución, caos, desconcierto, improvisación, destrucción, inseguridad física y jurídica, no.

 

Echo de menos el espíritu de la Barcelona olímpica, vuelve por favor. Barcelona es Barcelona, tenemos nuestro propio espíritu, es un lugar, que, aunque imperfecto, es la envidia del mundo, ¿por qué abandonamos nuestro propio modelo y nos inspiramos en Detroit, Belfast o Beirut o incluso en sitios peores como la Tirana de Enver Hoxha?