El servosistema

Miguel Ramírez, primer decano del Colegio Oficial de Ingenieros de Telecomunicaciones de Catalunya, fue profesor mío en la Universidad; en concreto de la asignatura de Servosistemas. Recuerdo cómo el primer día de clase soltó aquello de que el mejor servosistema es la cadena del wáter. En función de los resultados obtenidos se adapta el proceso. El flujo de agua que entra en el depósito se regula en función del nivel que va alcanzando el agua hasta detenerlo cuando está al máximo de su capacidad, antes de que se desborde. El proceso de llenado se reinicia cuando el depósito está completamente vacío.

Es decir, en ingeniería un servosistema es un sistema mecánico, electromecánico, eléctrico o electrónico que se regula por sí mismo al detectar el error o la diferencia entre su propia actuación real y la deseada. Se mantiene el resultado deseado por medio de la corrección instantánea de las desviaciones de su funcionamiento normal.

Este planteamiento es el que deberíamos aplicar a las reglas que utiliza nuestra sociedad y a los productos y servicios que presta una empresa. Si no obtenemos los resultados esperados, aumento de ventas y beneficios, creación de empleo y riqueza; simplemente debemos modificar los procesos.

Debemos acostumbrarnos a que aunque no se cambie el procedimiento, no siempre se obtienen los mismos resultados. Hay que controlar los resultados obtenidos y cuestionárselos. Hay un montón de factores que influyen sobre los resultados, y no todos pueden estar contemplados en el proceso.

Modificar un proceso no es fácil, pero muchas veces ni siquiera nos planteamos ni la necesidad ni la posibilidad de afrontar un proceso de cambio. Lo natural es admitir que el monitorizar los resultados y cuestionarnos el proceso es parte intrínseca del propio proceso, como indica el concepto de servosistema.

El servosistema es un círculo que garantiza la corrección de los resultados. Es un círculo virtuoso.

La vida es un círculo. Observemos la naturaleza: cada año labramos, abonamos la tierra, sembramos, regamos, cosechamos y volvemos a labrar la tierra. Es el ciclo de la vida, la renovación constante, la innovación constante. Preguntarse, pensar y meditar, buscar la mejor solución, diseñar alternativas, comparar opciones, decidir, actuar, tomar decisiones, analizar los resultados, efectuar los ajustes necesarios y volver a empezar.

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